C. R. D. O. Valle de La Orotava : Historia
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  La viña fue traída a Tenerife por los conquistadores españoles a mediados del siglo XVI, teniéndose conocimiento de que las primeras cepas se sembraron en al finca el Burgado, en Los Realejos.

Durante los siglos XVI, XVII, XVIII tomó tal auge el vino Malvasía producido en el Valle de La Orotava, que el Puerto de la Cruz (antes de La Orotava) llegó a convertirse en el primer puerto del Archipiélago Canario y el eje esencial del comercio con el extranjero. Tal extensión alcanzarían sus viñedos que llevaron a decir al ilustre realejero Viera y Clavijo, que el valle era un inmenso parral.
 

Se calculan que por el Puerto de La Orotava, se exportaron 30.000 pipas de vino malvasía en un año.

Esta hegemonía comercial motiva el desarrollo urbanístico de los tres municipio del Valle: La Orotava, Puerto de la Cruz y Los Realejos, instalándose en el Puerto de la Cruz, una numerosa colonia inglesa, con su consulado permanente. Esta colonia trata de controlar el comercio de exportación de vinos, para lo que se crea en 1.665 una empresa monopolista, la llamada “Compañía de Canarias”.

Son numerosos los barcos que recalan en este muelle del Puerto de la Cruz con destino a la Península, Inglaterra, Países Bajos, Alemania, África, América. Fue tal el auge comercial con Inglaterra, que, en la vendimia de 1.674 fueron 150 barcos ingleses que anclaron en frente de este muelle donde nos encontramos, a la espera de tan ansiados caldos.

A mediados del siglo XVIII y por la política adoptada por Inglaterra con motivo de su conflicto bélico con España, comienza la crisis del vino malvasía canario, con espectacular bajada de precios y beneficios. Se apuesta, entonces por el “Vidueño” como variedad alternativa con menores costos y riesgos para la exportación a EEUU, y por su fácil transformación en aguardiente para su exportación a Cuba, Yucatán y Venezuela.

Desde aquellas fechas hasta hace aproximadamente diez años, el cultivo de la viña significa por su falta de ilusión ante la decepción histórica sufrida, pero se sostiene y no desaparece gracias a la constancia del agricultor canario y la pervivencia de la calidad de las viñas, que consigue mantener la fidelidad del consumidor local.

Esta constancia del agricultor canario y la introducción de las nuevas técnicas vinícolas que van calando lentamente, permite que hace diez años el Sector despierte, y camine de modo brillante con el empuje de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias y del Cabildo Insular de Tenerife. ¿Su resultado? La creación de los Consejos Reguladores de vinos de Tacoronte-Acentejo, Ycoden Daute Isora, Valle de La Orotava, Güimar y Abona, que pueden certificar la existencia y elaboración de nuestros vinos blancos, tintos y rosados, cuya calidad recuerda al de antaño, siendo ya numerosos los premios que se están obteniendo a nivel nacional e internacional.
   

 
 
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